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  • Sabino Segura

Perfil profesional del bibliotecario y la gestión de soluciones tecnológicas

Por: Sabino Segura

Especialista en contenidos digitales


Estamos de fiesta, y dentro del marco del segundo aniversario de Bibliotecoach se me ocurre responder la siguiente pregunta: ¿Cómo definir estrategias de vinculación académica acorde a el perfil profesional del bibliotecario? A continuación, te propongo algunas ideas.


1. Vigilancia tecnológica y gestión del conocimiento.


El monitoreo sistemático de información científica y tecnológica de los entornos organizacionales es una gran oportunidad para el ejercicio profesional del bibliotecario. Con base en ciertos esfuerzos normativos e institucionales, se han delineado modelos de implementación para el monitoreo sistemático de la información del entorno para su uso estratégico, pensando en la solución de problemas propios del conjunto de la organización y de las necesidades informativas específicas de sus áreas constitutivas.


La vigilancia tecnológica y la inteligencia competitiva; su correlato natural, de acuerdo con la narrativa empresarial; son categorías acuñadas desde un ámbito gerencial y corporativa, inscritas en una lógica operativa propia de las organizaciones lucrativas. Es una expresión tangible del valor, concebido el término desde una lógica estrictamente capitalista; que tiene nuestra profesión, traducido a términos monetarios, que bien se pueden abarcar con categorías como “retorno de inversión” o “capital humano”. Liderar un proyecto de vigilancia tecnológica en un entorno organizacional, representa una gran oportunidad para el bibliotecario interesado en ocupar una posición de liderazgo fuera del ámbito académico, colonizando el ecosistema empresarial.



En una época pre-internet, dónde el acceso a información estaba subordinado a mediaciones institucionales, políticas, económicas y sociales, disponer de información privilegiada representaba una oportunidad extraordinaria para el ejercicio del poder, de ahí la célebre frase: “la información es poder”. Ahora, está visión queda superada por un contexto social dónde el acceso a grandes cúmulos de información y la disponibilidad de herramientas de comunicación o social media resulta paradójica, ya que se convierte en un caldo de cultivo para fenómenos informacionales relacionados con la infodemia y la post-verdad. ¿Qué criterios utilizamos para “valorar” la información?, ¿Cómo la hacemos llegar, oportunamente, al usuario que la necesita?, ¿Qué relación existe entre información, solución de problemas y generación de conocimiento?

La vigilancia tecnológica es un proceso sistemático y permanente de monitoreo, curaduría y comunicación de información de un entorno organizacional, enfocada a la solución de problemas y buscando la generación de conocimiento por parte de los miembros de una organización. El bibliotecario tiene una gran oportunidad de encabezar estos proyectos debido a su perfil profesional y su solvencia técnica.

Si extrapolamos este modelo a un contexto universitario, considerando que la universidad es una organización más dentro de un entorno competitivo y en contante transformación, existe la oportunidad de generar estrategias y acciones concretas de vinculación académica para socializar y difundir los contenidos de biblioteca de forma sistemática, de acuerdo con los factores críticos de vigilancia, definidos por las necesidades informativas de cada una las áreas usuarias y considerando las funciones sustantivas de una institución de educación superior: docencia, investigación y divulgación.


2. Sistemas antiplagio


No hay nadie mejor que el bibliotecario para liderar la implementación de los sistemas antiplagio en la universidad. ¿Quién tiene certeza sobre la disponibilidad de fuentes de información para la comunidad? ¿Quién conoce los mejores métodos para recuperarla y aprovecharla? La escritura académica formal, circunscrita a un estilo de citación.


El uso crítico de fuentes de información y comunicación de los productos de conocimiento original por distintos formatos; la confección de ensayos, monografías, tesis de grado, guiones para podcast o elementos multimedia, parten de la creación de una escritura original, sin perder que debajo de esa producción subyace, tácitamente, un rigor metodológico cuyo instrumental teje la urdimbre. Los sistemas antiplagio, desde una perspectiva educativa, son una herramienta que permite concientizar el uso de la información desde un terreno operativo, considerando la experiencia escritural del estudiante.


Hagamos un ejercicio de empatía, pensemos como uno de estos estudiantes: ¿qué hago con esta información? ¿existen técnicas para trabajarla, sistematizarla, matizarla, regurgitarla y excretarla? Sin considerar las expresiones escatológicas. ¿Cómo usamos la información como una base creativa para crear un discurso original? Hay una solución muy esquemática para expresarlo: paráfrasis, síntesis, cita textural y conclusión propia del autor: las tres primeras siempre se citan. Si lo pensamos así, integrar un análisis de originalidad, de forma orgánica, en las actividades áulicas, ofrece información valiosa al docente sobre la conducta escritural del estudiante, proporcionando evidencia puntual y útil para brindar una retroalimentación enfocada a la mejora de la escritura académica de los estudiantes del pregrado.


La gestión de las herramientas antiplagio, desde biblioteca, permiten evadir la tentación de articular una política de uso basada en criterios estrictamente administrativos o tecnológicos, dando su lugar al profesor, ya que el bibliotecario cuenta con un repertorio instrumental muy sólido, constituido en un conjunto de técnicas y métodos de trabajo enfocados al desarrollo de habilidades para el uso crítico de las fuentes, englobados dentro de la categoría de alfabetización informativa y mediática.


3. Redes sociales


No me quiero limitar al aspecto comercial de las técnicas que brinda la mercadotecnia, hablando de la promoción de nuestros servicios de información, a la generación de una identidad de marca o a la vinculación de nuestros servicios con un público objetivo y la identificación de un nicho comunicacional.


La gestión de comunidad y el uso de medios de comunicación digital se convierten en un instrumento fundamental para articular estrategias de vinculación, tanto académica como social. Salgamos de un ámbito estrictamente académico y pensemos en el contexto público y social, dónde el uso de información cumple funciones estrictamente cotidianas: desarrollo económico, gobernanza, difusión cultural, salud comunitaria, gestión territorial y empoderamiento ciudadano. ¿Cómo lideramos proyectos comunitarios pensando en su incidencia social? Las redes sociales representan una gran oportunidad.


Por otro lado, si nos inscribimos a un aspecto estrictamente académico o incluso cultural, la gestión de redes sociales y la implementación de una estrategia de comunicación que busque generar un impacto en el sujeto, considerado este como un consumidor o cliente, implica recurrir a modelos de comunicación propios de la mercadotecnia y los entornos empresariales. Si queremos aprovechar los medios sociales con este objetivo, buscando promover nuestros productos, contenidos y servicios de información, representan una oportunidad para definir estrategias de vinculación con la comunidad usuaria, bien vale la pena recurrir al instrumental técnico y comunicacional definido por los gurús de la mercadotecnia.


4. Gestores de referencias y escritura académica


La escritura académica representa una gran oportunidad para definir iniciativas de vinculación académica promovidas por los líderes de la biblioteca. Los gestores bibliográficos son un punto de encuentro entre la búsqueda de información y su referencia. Expresan la automatización transparente del proceso del proceso de citar, brindando una experiencia ergonómica al usuario de la información.

Cuando el escritor se siente perdido en el limbo inicial de la escritura, un gestor de referencias representa el salvavidas que le permite flotar, sin dominar la técnica de natación, en el mar abierto de las fuentes de información, dónde algunas de éstas representan tiburones, otras peces de ornato y algunas otras auténticas carnadas en esta cadena alimenticia de la investigación y su representación escrita.

En concreto, y pensando en un escenario técnico y operativo, el uso de un gestor de referencias no depende de la pericia técnica del informático, sino del conocimiento puntual del bibliotecario, que conoce a profundidad sus colecciones y las empata con la necesidad informativa del usuario, estableciendo un vínculo operacional entre las herramientas tecnológicas y las fuentes de información.


El bibliotecario así, además de líder, es un mago, una especie de demiurgo que le brinda la posibilidad, al usuario poco experto, de simplificar la redacción de sus manuscritos eximiéndolo de sus tareas más ingratas que acompañan la escritura académica: la relación detallada de fuentes y su citación.


5. Tecnología educativa


El conocimiento de los últimos desarrollos de contenido educativo, tales como realidad virtual y aumentada, así como la apertura de espacios para el diseño y desarrollo de prototipos, los llamados “maker spaces”, han colonizado paulatinamente las bibliotecas académicas y escolares.


Si bien existe una brecha que se expresa en un acceso inequitativo a estos adelantos, confinándolos por el momento a las instituciones privadas, en el caso latinoamericano, ya que en países ricos, estos servicios están disponibles hasta en las bibliotecas públicas; los beneficios que representa la integración de dispositivos y contenidos en la práctica educativa es una responsabilidad asignada a personal de biblioteca. Los modelos anatómicos en tercera dimensión, la incipiente generación de metaversos, la robótica, la programación, entre muchas otras manifestaciones tecnológicas, son sólo algunos ejemplos.


Nadie mejor que el bibliotecario para evaluar las disrupciones tecnológicas e incorporarlas en las actividades educativas desde una perspectiva de gestión, al fin y al cabo son elementos de contenido que, articulados en una dinámica de aprendizaje, generan conocimiento. Parte del liderazgo del profesional de la información se basa en esta función de articulación entre la información y la generación de conocimiento, además de contar con instrumentos, metodologías y herramientas conceptuales que le permiten liderar estos procesos de adopción.


6. Curación de contenidos


Concretamente, el desarrollo de colecciones representa una tarea que requiere una amplia solvencia técnica. En centros de investigación y en algunas bibliotecas universitarias de la región existe la figura del bibliógrafo o también llamado bibliotecario temático; un especialista que, además de contar con formación académica en ciencias de la información, tiene conocimientos de la materia de la cual trata la colección que está a su cargo. Este profesional monitorea, evalúa, cura y procesa la información pertinente para solventar las necesidades de información específicas, definidas por líneas de investigación muy especializadas. Si bien, existen soluciones tecnológicas que automatizan la curaduría de contenidos, hasta el momento no existe ningún algoritmo que sustituya el ojo clínico de un curador experto. Te invito a leer la entrada de la profesora Ángela del Cielo Ortiz, en donde profundiza sobre como un bibliotecario puede desarrollar habilidades de curación de contenidos.


Lo anterior representa un reto, ya que la solvencia técnica y el bagaje disciplinar necesarios para convertirse experto curador requieren estudio constante y actualización periódica, elementos imprescindibles para sobrevivir en un entorno cambiante. Los estudios de posgrado, cursos de actualización, seminarios, talleres, congresos y el hábito de la lectura son condiciones necesarias para el empoderamiento del bibliotecario. Conozco muchos amigos, funcionarios de biblioteca, que son auténticos gurús en la selección de contenido, que ejercen una influencia muy fuerte entre la comunidad académica gracias a su conocimiento y la calidad de los contenidos que incorporan paulatinamente en su colección.


Para finalizar celebro el segundo aniversario de este gran proyecto llamado Bibliotecoach, y agradezco la oportunidad de compartir con esta comunidad de profesionales de la información estas humildes impresiones. El bibliotecario per se, es un líder dada su posición estratégica en la comunidad: es el único profesional capacitado para gestionar información y facilitar la producción de conocimiento. Recupero el consejo que antes de morir, el tío Ben le dio al Hombre Araña: “Un gran poder, implica una gran responsabilidad”. ¡Felicidades a Bibliotecoach!

 

Sabino Segura. México


Especialista en contenidos digitales y tecnología educativa. Con estudios de la Licenciatura en Historia en la UNAM y fui bibliotecario referencista en el Tecnológico de Monterrey.


Actualmente es responsable del área de Gestión del Conocimiento en Grupo Difusión Científica en México y brinda asesoría a las instituciones de educación superior para el desarrollo de colecciones digitales y la adopción de soluciones de tecnología educativa.

Redes y contacto: LinkedIn: Sabino S

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