top of page
  • LinkedIn
  • Facebook

Bibliotecas y cambio climático: ¿y si el sensor de aire se prestara como se presta un libro?

hace 20 horas
4 min de lectura

Estuve en una charla de la Climate Week en Medellín, donde se hablaba de proyectos de calidad del aire donde la ciudadanía mide, compara y exige con evidencia; y que los datos solo cambian algo cuando las personas participan en producirlos y entenderlos. Estoy de acuerdo, pero con una condición; un dato solo importa si alguien lo entiende, lo cree y lo usa para decidir.


Entonces me quedó dando vueltas una idea y es ahí donde aparece una institución que casi nunca está en la conversación climática: la biblioteca. Me hice una pregunta: ¿y si ese sensor pudiera pedirse prestado en la biblioteca del barrio como se presta un libro? Investigando en la red me di cuenta que ya está pasando.


Lo que ya funciona


En Los Ángeles, la EPA y la biblioteca pública montaron un programa donde los usuarios sacan gratis un medidor de partículas finas (PM2.5), como quien lleva una novela. Los datos aparecen en un mapa interactivo y vienen con planes de clase para explorar el aire de la calle y el de la casa. Puedes ver el listado de la EPA y los planes de clase.


En Canadá, la biblioteca de North Vancouver con el programa biblioteca de objetos prestó medidores de radón y el programa llegó a otras 42 bibliotecas en Columbia Briánica. Los investigadores atribuyen parte del éxito a que la biblioteca es una institución respetada en la sociedad, lo que refuerza el mensaje de salud pública. En Colombia, un ejemplo de bibliotecas y cambio climático es BibloRed que sostiene 12 huertas abiertas a la ciudadanía y llevó cine ambiental hasta Sumapaz, Pasquilla y las cárceles distritales.


Conviene ser honestos con lo que estos casos demuestran. Son experiencias prometedoras, no una prueba de que prestar sensores baste para mejorar el aire, entonces, ¿de qué sirve?


Datos al servicio de ciudadanos científicos


Como ciudadanos de a pie vemos datos ambientales en informes y portales pensados para especialistas que muchas veces no sabemos interpretar, y que ponerlos al servicio de la comunidad exige que sean comprensibles y relevantes para quien vive el problema.


Cuando una persona sale con un sensor y compara sus mediciones con las de sus vecinos, deja de ser espectadora y se vuelve ciudadana científica: eso es ciencia ciudadana. No reemplaza a la ciencia formal, la complementa con cercanía, conocimiento del territorio y diálogo de saberes, siempre que haya método y acompañamiento. Sin ellos, la gente termina como recolectora gratuita de datos que otros aprovecharán.


Datos para reconocer los impactos y decidir


Medir sirve para dos cosas, para reconocer impactos como qué barrios respiran peor o quién está más expuesto y decidir con evidencia dónde intervenir y qué funcionó. Muchos proyectos se quedan en lo primero y llaman "participación" a lo que es solo diagnóstico.


Aquí es útil el concepto colombiano de apropiación social del conocimiento: un proceso en el que las personas dialogan, analizan y reflexionan para comprender su contexto, intervenirlo y transformarlo. La palabra clave es intervenir. Un sensor sin mediación, es solo un aparato, que con acompañamiento, se convierte en una herramienta para decidir.


Bibliotecas y cambio climático: ¿dónde está la oportunidad para las bibliotecas?


La oportunidad está en un espacio que muchas veces parece vacio; la mediación entre el dato y la decisión. Los centros de investigación producen datos, los gobiernos deciden, y en medio hay un vacío donde la comunidad no entiende, no confía o no participa. Este espacio vacío podría ser llenarlo por las bibliotecas, por cinco sencillas razones: gozan de confianza, están en barrios y veredas donde el monitoreo oficial casi no llega, saben traducir información compleja, guardan memoria del territorio y tienen continuidad, porque un proyecto universitario o guberbamental termina y la biblioteca sigue abierta.


Pero no romanticemos; casi todas las bibliotecas operan con presupuestos y equipos mínimos, y sumarles otra función sin recursos ni formación sería trasladarles una carga. La oportunidad es real solo si viene con alianzas y financiación.


Esta idea no es nueva. La serie Climate Agents: Agents of Change plantea que las bibliotecas públicas podrían ser la pieza decisiva para que la humanidad responda con eficacia a su encrucijada climática. Tiene lógica: la literatura sostiene que es un buen momento para que las bibliotecas comuniquen a la ciudadanía la información climática que producen agencias gubernamentales y organizaciones sin ánimo de lucro.



Las bibliotecas no frenarán el cambio climático


Pero pueden ser el puente que falta entre el dato y la decisión. Y ahí aparece la pregunta incómoda, la que de verdad define si todo esto sirve: ¿están dispuestas las instituciones que toman decisiones a escuchar lo que la ciudadanía mida, incluso cuando incomode? 


Porque de nada sirve prestar sensores, formar ciudadanos científicos y documentar con método si los resultados terminan en un cajón. Y la pregunta también nos toca a quienes trabajamos en bibliotecas: ¿nos atreveremos a prestar, además de libros, la posibilidad de mirar el territorio con datos y llevarlo a la mesa donde se decide? Te leo en los comentarios.

1 comentario


Javier Borda
hace 5 horas

Leer este blog me hizo recordar mi primer viaje al D.F. en México, que fue hace ya algunas décadas en una época de elevadísima polución en la ciudad. En algunas esquinas vendían el minuto de respiración con máscaras conectadas a balas de oxígeno.

Me pareció absolutamente terrible y es preocupante que seguimos en las mismas y empeorando cada vez más.


Chéverísimo que Nora propone un asunto del que no se suele hablar en las bibliotecas. Muy interesante!

Editado
Me gusta

En alianza con:

G8 bibliotecas
bcv

Avalada por:

PNL
tisoc-the-international-school-of-coaching

Contacto:

  • LinkedIn
  • Facebook

Copyright © 2026 Nora Quiroz. Todos los derechos reservados | All rights reserved.

bottom of page