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En defensa de la Biblioteca Nacional de Colombia, porque la indiferencia no es una opción

hace 10 horas
3 min de lectura

Hoy siento la necesidad de aprovechar este espacio de libre expresión para escribir con el corazón y manifestar mi solidaridad con mis colegas bibliotecarios de todo el país, quienes están viviendo en carne propia la lamentable situación que atraviesa la Biblioteca Nacional de Colombia.


En el ejercicio de profesión bibliotecaria, hay momentos en los que quedarse en silencio sencillamente no es una opción. Mirar hacia otro lado ante lo que ocurre en la Biblioteca Nacional sería dar la espalda al sentido mismo de nuestro oficio y al esfuerzo diario de quienes le ponen el alma a las bibliotecas.


Cuando las decisiones alejan a la biblioteca de su verdadero propósito


No puedo ser indiferente ante la censura ni ante las restricciones que coartan el quehacer diario de las bibliotecas. Cuando se intentan silenciar las voces críticas o recortar la diversidad de ideas, se contradice de frente la razón de ser de estos espacios. Y no es una postura personal; tal como lo proclama el Manifiesto IFLA/UNESCO sobre la Biblioteca Pública, la biblioteca pública es una fuerza viva para la educación, la cultura y la libertad intelectual, fundada sobre el libre acceso a la información para todas las personas sin distinción.


Además, una Biblioteca Nacional no se gestiona como cualquier oficina pública, Requiere experiencia en la gestión de la memoria y el patrimonio nacional, así como un conocimiento profundo del mundo bibliotecario y una alta dosis de liderazgo, sensibilidad y empatía. Cuando se carece de esa trayectoria y de esa preparación técnica, la gestión se debilita. El resultado es la improvisación, el deterioro de los procesos y una preocupante desconexión con la realidad de las comunidades y de la labor bibliotecaria.


Biblioteca Nacional de Colombia
Biblioteca Nacional de Colombia


Lo que más exige nuestra reflexión es el impacto directo en las comunidades, para las cuales la biblioteca pública no es un adorno o un lujo: es el único refugio seguro frente a la hostilidad social, la violencia y la falta de oportunidades.


Las bibliotecas y sus programas itinerantes son propiciadoras de esperanza en momentos en los que la sociedad parece dar todo por perdido. Cuando una biblioteca móvil deja de viajar, cuando se cancelan los talleres en las zonas más alejadas o cuando un bibliotecario pasa meses sin recibir su sueldo, no se interrumpe un simple contrato. Se le cierra la puerta a un niño, a un joven o a un adulto mayor que encontraba en la lectura un resguardo para su pensamiento y en las actividades culturales una oportunidad para salir adelante.


Valorar el oficio bibliotecario y sostener la esperanza


El trabajo del bibliotecario es una labor de cuidado paciente, respetuoso y transformador. Detrás de cada libro entregado y de cada espacio de escucha hay un profesional dedicado a tejer comunidad y sanar heridas colectivas.


Por eso, defender las bibliotecas es defender la dignidad de los bibliotecarios que las piensan y las operan. Respaldar los reclamos por condiciones laborales justas no es buscar la confrontación; es exigir el respeto que merece una profesión clave para el desarrollo del país, cuyo impacto social es incalculable.


A cada colega que persiste con dignidad, amor y valentía en cualquier rincón de Colombia; todo mi respeto y mi solidaridad. También un llamado especial a todo nuestro gremio y a la sociedad entera para que rodeemos a la Biblioteca Nacional, abracemos nuestras bibliotecas públicas y protejamos la labor de sus bibliotecarios. Cuidar la casa de la memoria de nuestro país es un compromiso colectivo, para que el pensamiento, la cultura y la libertad sigan estando al alcance de todos.

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